Menú Crudo

Sugerencias de Menú Crudo

 

Germinando Vida

 

En el instante mismo que se cruzan los umbrales de una cocina, el estado de conciencia se altera. El tiempo profano cede espacio al tiempo sagrado. El olvido de todo lo que no está en el tiempo presente, es la señal. Los cinco sentidos terrenales se agudizan y despiertan al placer. Los ojos recorren el lugar donde la alquimia se realiza, asombrándose por los insospechados colores que asoman de los alimentos vivos. La mirada se detiene sobre unos extraños libros apilados sobre la mesada, ”recetas afrodisíacas”, “tortas de hadas”, “recetas para la alegría”, “condimentos del elemento fuego”, “hierbas curativas”, “platos para agasajar a los gnomos”, “recetas dulces para compartir con los ángeles”, “viviendo 120 años con alimentos vivos”. Se escuchan sonidos de cacerolas y utensilios varios de cocina, además de risas y un suave murmullo. ¿Habrá gnomos?. ¿Serán las hadas?. Olores exquisitos penetran, atrevidos, por las fosas nasales. De pronto, dos hechiceras aparecen con una enorme bandeja de oro y plata, extienden un mantel naranja, y en el centro de la tela, disponen los manjares una fuente repleta de brillantes colores, una canastilla cargada de semillas, mayonesas y quesos recién preparados, aderezos con aromáticas traídas de países lejanos, tartas con inimaginados rellenos, pastas hechas con pasión y platos varios con los más exquisitos y extraños sabores que jamás se hayan probado. ¡Ah!, y el infaltable pan de los esenios, cuya receta, se transmite sólo de alquimista a alquimista, ya que constituye el alimento de los dioses. Luego, distribuyen los platos y cubiertos formando un círculo, siempre recordando de poner un juego sobrante. “Es un gesto de cortesía“ explican, las hadas y los gnomos que tanto ayudan en las tareas domésticas se ofenden con suma facilidad si no se los tiene en cuenta. Las cocinas de los alquimistas, son extensiones de sus laboratorios. Allí preparan recetas mágicas, que producen los efectos más poderosos que se puedan imaginar. Y ahora, que la mesa está servida, a disfrutar los manjares, con los sentidos y el espíritu abiertos.